Más vale caña monse vivo…

Lunes, Agosto 27, 2007

…que ser el chofer más astuto del cementerio. Eso me digo a mí misma para darme ánimos.

Será tal vez por la misma razón por la cual no se aprende un idioma con igual facilidad cuando se lo estudia de adulto que cuando se lo aprende desde niño: no lo sé, pero reconozco que sigo siendo una maricona total a la hora de agarrar mi carrito. Siempre estoy manteniendo mi distancia, mirando todos mis espejos, evitando las congestiones y las esquinas sin semáforos, las rutas del transporte público, y buscándome mis rutitas alternas despejadas, aunque sean más largas.

Una cosa es el Circuito de Examen de Conchán y otra muy distinta el tránsito limeño. Qué cara de “caña monse” debo tener cuando manejo mi Escarabajo, que algunas veces los choferes de combi me han gritado, muertos de risa, “¡¡pase, ‘ñorita!!!” o peor aún, “¡¡pasa nomás, mamacita!!”. Y me han dejado pasar con expresivos y caballerosos gestos. Y yo me he quedado preguntándome porqué, si esta especie urbana (choferes y cobradores) es de lo más hostil y hasta agrede a las policías de tránsito, ha sido sin embargo tan condescendiente (hasta ahora y por suerte) conmigo.

Mi teoría es que les divierte ver a una mujer que no sólo no intenta pasar primero ni enfrentarse con ellos, sino que encaja precisamente (lo admito, pa’ qué les digo que no , si sí) en el cliché machista de mujercita temerosa y que no es nada avezada al volante. Bueno, la verdad, si es para salvar mi vida, prefiero que se rían de mí a que me pasen la combi por encima. Dicen que de algo hay que reírse… me reiré de mí misma, pues. Qué queda. Al menos hasta que tenga más confianza en mis driving skills.

Pero no sé cuándo ocurrirá eso. Hace unas un par de semanas hubo un choque espectacular a tres cuadras de mi casa, en una intersección de dos callecitas residenciales despejadas y sin tránsito, por donde pasa un auto a la muerte de un obispo: una station-wagon particular y una pickup del Municipio de La Rica (¡ja!) Molina, que llevaba jardineros en la tolva, se estrellaron, justo cuando yo estaba doblando (llegando) a la esquina previa. La station-wagon dio varias vueltas de campana y terminó en un poste. La pickup se volcó de cabeza, con las llantas hacia arriba: los pobres jardineros municipales salieron volando por el aire y terminaron regados por la pista, junto con todos sus herramientas e implementos de trabajo.

¡Replop!

Más tardé yo en darme cuenta de lo que había pasado que el Serenazgo en llegar corriendo (ahí sí llegaron pronto, seguro para tratar de disimular el roche de estar transportando a los jardineros peor que si fuera ganado). Llegué a mi casa a abrazar a mi hija. Y desde ese día, sólo he sacado el auto al grifo a que le controlen el aire de las llantas. Sólo de pensar que yo he pasado tan confiada por ese cruce, hasta entonces taaaaan tranquilo, y de recordar ese accidente, me agarra el pánico de nuevo. Si dos bestias son capaces de estrellarse por exceso de velocidad en una zona residencial sin tránsito, ¿entonces… todos estamos en peligro sólo por subirnos al carro? Plop…

Tal vez estoy exagerando. Pero toy asustadita pe’… necesito agüita de azahar (real, metafórica y virtual).


Después del terremoto…

Jueves, Agosto 16, 2007

Después del terremoto, hay muchas cosas en qué pensar.

El hecho de que nosotros tengamos la enorme suerte de estar cómodamente sentados en nuestras abrigadas casas escribiendo en nuestros blogs no quita que haya cientos (y creo que hasta miles) de damnificados que no sólo han perdido seres queridos sino que van a volver a pasar OTRA noche a la intemperie porque la ayuda no termina de llegar, o al menos no llega a tiempo. ¿Y si hubiéramos sido nosotros los afectados? Creo que estamos todos nosotros moralmente obligados a colaborar con ellos y a ayudar, de una u otra forma que nos sea posible. Tenemos que solidarizarnos.

No pude seguir mucho la TV hoy porque mi hijita se ponía muy nerviosa con los reportajes del terremoto. Pero me lo pasé con el audífono del radio pegado en la oreja, y de lo que vivimos anoche y de lo que escuché en la radio, tengo preguntas sin resolver.

a) ¿Por qué se cayeron los teléfonos y no la internet? Yo no soy geek ni entiendo de estos intríngulis, así que si alguien puede explicármelo técnicamente, porfa, desásnenme. El colapso de los teléfonos fue clamoroso y demasiado prolongado. Demasiado. Cierto que el chat fue el recurso de muchos (como yo) para comunicarse: pero como yo sé que el mundo es grande y no vivo mirándome el ombligo me pregunto: ¿de qué le sirve el chat a un pueblo que se ha quedado sin electricidad, a alguien a quien el terremoto le destruyó la casa y la computadora, o a una comunidad andina perdida en lo alto donde jamás vieron una computadora? ¿Y que en la zona del desastre son precisamente quienes más daños han sufrido y más necesitan comunicarse? ¿Es que sólo pueden tener comunicación quienes puedan pagarla… y los demás que se jodan, aunque estemos en un caso de desastre? ¿Dónde queda la responsabilidad social de la empresa? ¿Algún gesto solidario?

b) Que Telefónica diga que el colapso fue culpa de los usuarios que sobresaturaron el sistema no me convence. ¿Tan malo es su sistema entonces que no resiste ni un poco de sobredemanda? Porque como Guille dice, esto pasa también en fechas como Año Nuevo, en Día de la Madre, donde ni remotamente hay la enorme demanda que hubo ayer. Más bien esto me hace pensar, haciendo una analogía, en el overbooking de las líneas aéreas. Como si esta empresa, en su afán de captar clientes-usuarios que paguen, estuvieran ofreciendo mucho más de lo que pueden cumplir: captando más usuarios de los que realmente pueden atender. El gobierno está pidiendo explicaciones, y ojalá que los responsables las den, y convincentes. Ya bastante dinero han hecho acá. Si somos demasiados los usuarios, supongo que no les afectará que yo deje de pagarles…

c) Otra pregunta: ¿Para qué está Defensa Civil? Explíquenmelo, por favor. Lo que escuché por la radio y lo que leía en los reportes de la prensa internacional me hablaba de esfuerzos de ayuda aislados, no interconectados, y por ende descoordinados e insuficientes: y eso, cuando llegaban. Porque aún hay muchos lugares aislados donde la ayuda no ha llegado porque se están centrando todas las ayudas en las ciudades, en zona urbana… y el campo, sigue esperando. ¿Es posible que la maldita exclusión que aqueja a los peruanos se dé hasta en esto? Por tanto:

d) Falta una instancia que coordine y centralice eficazmente los esfuerzos de ayuda, y falta algún sistema alternativo y fiable de comunicación que se pueda usar en casos de emergencia, aunque se caiga el resto de la red. Y eso, aunque el Mouse me crucifique, sólo se puede hacer desde el Estado, o con supervisión de éste. Porque a las empresas privadas les importa un pito el interés colectivo.

e) Otra: si en el terremoto de Nazca (1997) ya se supo qué tipos de construcción eran los más vulnerables y propensos a caerse (tal como se cayeron ayer) y si se sabe que vivimos en un país en zona sísmica, ¿por qué los municipios, el ministerio de Vivienda o quien corresponda, no asesora a las personas para que construyan edificaciones seguras? ¿Con préstamos solidarios de alguna institución estatal o financiera? Creo que se debe ofrecer alguna alternativa para que los damnificados puedan reconstruir sus casas con seguridad. Si no, los 500 y pico muertos habrán sido en vano.

f) Y para terminar, hablando de edificaciones seguras: un amigo que estaba estrenando depa nuevo en Miraflores ahora está perplejo ante las rajaduras de sus muros. ¿Y ahora qué hará? Y la pregunta inevitable: ¿cómo saber si las contratistas constructoras no nos están dando gato por liebre con otros edificios similares? Ojo, que si el terremoto hubiera sido como el de México (1985), no estaríamos acá blogueando tan tranquilos. En ese terremoto, edificios modernos se cayeron porque, según descubrieron después, las construcciones no habían seguido todas las especificaciones originales.

ACTUALIZACIÓN (17 de agosto, 8:52am):

g) Cuando escribí este post aún no empezaban los saqueos de mercados y camiones que hemos visto hoy en las zonas del desastre: gente desesperada porque ve que llega ayuda internacional en aviones y ellos siguen sin agua ni ayuda. Cierto que ciertos malos elementos se aprovechan, pero no creo que toooooda esa gente sean pandilleros, como insinuó alguien por allí.

Como comenté en otro blog: creo que ahora estamos viendo en forma trágica el problema generado por la privatización indiscriminada y la nula presencia del Estado en muchos lugares de provincia. Situaciones surrealistas y absurdas como no poder repartir la ayuda que llega debido a falta de camionetas o de combustible para los pocos vehículos que hay, o porque no hay cómo atravesar las zonas destruidas de las carreteras (¿dónde está la maquinaria pesada del Ejército?) o no poder retirar a los muertos porque no hay quien emita certificado de defunción, son realmente UNA VERGÜENZA para una clase política que se llena la boca hablando del gran crecimiento económico, un jalón de orejas para el gobierno central, y una advertencia para todos los que nunca pensaron en que la naturaleza no cree en bonanzas económicas. Se necesita PREVISIÓN y ORGANIZACIÓN, cosas que (digámoslo) no abundan entre los peruanos, tan creyentes en el “no pasa naaaaaada”… pero que al menos la gente que dirige el país debería tener, con tanto estudios y maestrías que han tenido.

Hace casi un año posteé acerca de estar prevenidos ya que vivimos en zona sísmica…

P.D: TERMINÉ MI TESINA! Estoy en lo de corregir, redactar, hacer el índice de citas… BRRRRRRRRR!!!!!!!!!