Querida Hijita:
Increíblemente, ya tienes cuatro añitos. Yo, que te tuve después de 35 años de hacer lo que me daba la gana, como manda el mainstream actual, confieso (no sin vergüenza) que al principio me costó mucho adaptarme a tí: te adoraba, pero vivía eternamente cansada y me quejaba de que no me dejabas dormir, de que exigías mucho, de que eras una dictadora… etc. Aunque tu papá y yo te encargamos con mucha ilusión, ninguno de los dos tenía idea de lo que significaba, en la real vida diaria, dejar de ser los seres egocéntricos que éramos para convertirnos en padres. En tus padres. Felizmente, tu inocencia y tu cariño nunca supo de esas luchas internas nuestras –ni se enteró de mi depresión postparto– y al final nos conquistaste con tus sonrisas y tu cariño incondicional. Sobre todo, nos metiste a tu bolsillo con tu fe en nosotros: no podíamos menos que estar a la altura de tus ilusiones. Como decía el viejo Gabo: “los hijos no se quieren por ser hijos, sino por la amistad de la crianza”.
Ahora tienes cuatro años y le aclaras a todo aquel que se atreva a equivocarse, diciéndole con energía “¡YA NO SOY BEBÉ!”. Es cierto, veo tus fotos, hurgo en mis recuerdos, veo qué grande estás y disfruto notar cómo te gusta conversar con nosotros: y aunque (confieso, con vergüenza) no sé si soportaría volver a pasar por tu turbulento y exigente primer año de vida, empiezo a desear que te quedes así, de la edad que tienes ahora, tus tiernos cuatro años, por mucho tiempo más.
Todavía crees que somos lo máximo; tu frase “mi mamita dice que…” me convierte en una autoridad en el tema, mejor que cualquier postgrado o doctorado; tu papito es tu héroe; y te encanta jugar con nosotros. Y aunque a veces nos morimos de miedo de fallarte, creemos que hacemos lo mejor posible por demostrarte nuestro cariño y por encaminarte en la vida.
Sé que nuestro tiempo juntos es prestado, que tu destino es ser libre. Sé que debo prepararte para volar sola. Pero, mientras tanto, mientras llega ese día (anhelado y temido) en que empieces a desear probar tus alas y medirlas, espero que nos permitas seguir disfrutando de nuestros momentos juntos, que son especiales e inolvidables justamente porque somos una familia y estamos juntos. Como la otra tarde en el parque, o compartir el lonchecito, o como la celebración de tus cuatro años. Como casi cada momento que compartimos en familia.
Feliz cumpleaños, hijita: te queremos mucho. Recuérdalo siempre. Siempre estaremos a tu lado.
Tus papás.
Escrito por Danza Invisible
- Aunque todavía faltan varios días, te lo entrego de una vez para que no pienses que no me acordé de traer nada para tí (¡replop!)
Escrito por Danza Invisible 






