Estuve leyendo algunos tiernos posts de Brujis, Gamma y otras blogueras con hijos, y sí, todo lo que dicen es cierto.
Es verdad que de 10 veces que salgo de compras, 11 regreso con muchas cosas para mi hija y con un calzón para mí; es cierto que cada vez que se enferma se me desbalancea todo el presupuesto, pero no importa; es verdad que todos los días me rompo la cabeza pensando en si le gustará el almuerzo; es ciertísimo que aunque la adoro, a veces cuando me hace rabietas siento deseos de estampillarla contra la pared y debo contar hasta diez; es absolutamente cierto que cuando la dejo en el Nido, yo suspiro de alivio, pero que (sin embargo) cuando tengo que salir dejándola en casa (con mi mamá y la empleada) no estoy tranquila pensando en ella.
Pero, de todos modos, no puedo dejar de recordar mis primeros días como mamá, cuando me hubiera gustado que alguien me explicara ciertas pequeñas realidades, ciertos gajes del oficio de ser mamá, como por ejemplo:
- ¿Quién dijo siesta? Durante el día, el momento en que más cansada estés será el elegido por el bebé para ponerse a gorjear y/o cargosear exigiendo atención.
- Por las noches, no importa qué hora sera ni cuánto rato te quedes junto a la cuna a verificar que el bebé esté bien dormido. Ya sean dos minutos o dos horas, en cuanto pongas tú la cabeza en la almohada, él se despertará llorando.
- Eso sí, lo bueno es que puedes predecir fácilmente a qué horas ensuciará su pañal. Lo malo es que será a los 5 minutos de habérselo puesto. Mi hija incluso batió el récord de velocidad: hacía caca mientras la estaba cambiando.
- Llegas de la calle con los pechos reventando de leche, pero tu bebé en ese momento no quiere saber nada de mamar. Al rato, como ya no aguantas más, te extraes la leche para ponerla en un biberón: y justamente cuando ya te los vaciaste, se le antoja pedir su teta. Y por supuesto, ¡no quiere saber nada del biberón!
- No importa cuántas toallitas te pongas en el hombro a la hora de sacarle el chancho. Siempre te vomitará la leche en un área no cubierta, especialmente si tu ropa está recién lavada.
- La probabilidad de que tenga cólico o resfrío es directamente proporcional a la urgencia que tengas de atender alguna diligencia o trámite fuera de casa, o de salir a trabajar simplemente. Y si tienes que ir a un compromiso social “ineludible” (tipo matrimonio, por ejemplo) las probabilidades son mucho mayores.
- Si no sabes qué hacer con tu pelo, pronto se te acabarán las dudas: no te queda más opción que cortarlo corto, porque a los bebés les fascina coger del pelo a las mamás. Aunque no te jale fuerte, de tanto manoseo acaba opaco, quebradizo y orquillado.
- ¿Visitar a los amigos? Poco a poco una se va alejando de los amigos solteros o que no tienen hijos, porque se da una cuenta de que ellos te miran raro, creen que eres una calzonuda y no entienden que ahora una no es dueña 100% de su tiempo ni de su vida.
- Y por supuesto, nunca una madre se siente más necesitada y reclamada por sus hijos (y por toda su familia) que en el momento en que se desliza clandestinamente al baño con la esperanza de ducharse en paz.
- Pero claro, la vida sigue y da vueltas, y el consuelo que una tiene es pensar que llegará el día en que los hijos tendrán sus propios hijos, y en ese momento por fin, por fin entenderán (con las patadas de la realidad, como entendimos nosotras) todo lo que sus padres Y MADRES hicieron y dejaron de hacer por amor a ellos.
He dicho
Y sí, antes de que me pregunten, las de la foto somos mi hija y yo, cuando ella tenía poco más de un mes de nacida.

Escrito por Danza Invisible 






