La noche había empezado mal. Había malos augurios en el aire y yo los había ignorado. El colmo de todos fue que mi taxi me recogió tarde y me hizo llegar tardísimo al coctel, de modo que no sólo no alcancé ya ni un miserable vino (y yo que alucinaba con el whisky), sino que llegué apenas a tiempo para tomar las fotos de la premiación, abriéndome paso a codazos.
¿Cómo dice que dijo? A ver…
Vuestra servidora Danza había asistido, en su calidad de periodista culturosa invitada, a un vernissage (cóctel por la inauguración de una exposición) ofrecido por una importante empresa de seguros, que auspiciaba el evento: la premiación de un concurso de pintura.
Y en esas estaban Danza y el Jefe-De-Danza (este último miembro del Jurado Calificador), el dúo culturoso , departiendo con los artistas, los premiados y los ejecutivos de la empresa, y Danza obviamente entrevistando al paso y tomando fotos, cuando de pronto…
¡CRACK!
Con la poca luz y la mucha gente, no habíame yo percatado de un peldaño medio escondido cerca del jardín. Mi taco (apenas 5cm) se quedó enganchado en una laja, y el empeine y la punta se me fueron hacia abajo y adelante, estirándose con el peso de mi cuerpo hasta donde nunca habría imaginado posible. No aterricé de panzazo en el suelo de pura suerte, pues por mi afán de que la cámara no se cayera (¿alguna vez vieron una pantallita LCD destrozada?) logré conservar el equilibrio.
Dado que que ¡CRACK! no había terminado en ¡CATAPLUM!, Danza siguió caminando y haciendo su chamba, porque el pie dolía pero no tanto. Jefe-De-Danza la llevó hasta su casa, y el pie se puso peliagudo apenas Danza se quitó los zapatos. El dolor fue aumentando hasta hacerse casi intolerable e impedir apoyar el pie en el piso.
Epílogo: el traumatólogo Ortiz diagnosticó un “esguince de primer grado. Pero lo que se me lesionó no fue tanto el tobillo sino los metatarsos y sus ligamentos: en cristiano, las partes del empeine más cercanas al tobillo. Tengo un morado hinchado allí. De modo que me han indicado pastillas, hielo, y reposo con el pie en alto.
Pero lo que más me jode en realidad es que me han prohibido entrenar hasta que me cure del todo. Ya estaba yo aumentando la intensidad y tiempos de mis carreras… y ahora esto! Tiene que ser una especie de boicott orquestado por mis adipocitos!!
Y me enseñaron a usar un bastón para disminuir el peso del cuerpo sobre el pie lastimado. Descubrí que mi ídolo Gregory House M.D. usa muy mal el suyo: exactamente de la manera incorrecta
y que yo no sé por qué pero se me hace más cómoda. Lo divertido es que he descubierto que usar un bastón hace que otras personas te miren con más respeto… aunque sea sólo por el temor de que les caiga un bastonazo en la espinilla, jeje
Al estilo de House.
Y bueno… ya que estoy en reposo, pues, hay más tiempo para postear. Espero haberlos divertido un poco con esta crónica, y ya nos vemos.